Talasoterapia: Tratamientos II

PRESTACIONES DE LOS CENTROS DE TALASOTERAPIA

Los centros de talasoterapia suman a los tratamientos en la playa los que se pueden realizar en unas instalaciones especialmente diseñadas. En ellos se realizan tratamientos en bañeras con masaje mediante burbujas y sales marinas concertadas, aplicaciones de barros, lodos y algas o diversos tipos de ejercicios en piscinas con agua de mar.

A continuación explicaremos las distintas curas que aplica la talasoterapia, ya sea para realizarlas uno mismo o para recibirlas en un centro y de manos especializadas. En cualquier caso, antes resulta conveniente tener en cuenta algunas cosas para obtener los máximos beneficios de cada una de ellas.

La primera condición, y muy importante, es la tranquilidad. Los estímulos que reciben el cuerpo y la mente deben proceder del mar. Los ruidos y el gentío sólo pueden molestar e interferir sobre los efectos.

También es importante la alimentación que se lleve durante el tratamiento, así como el reposo. La dieta debe ser equilibrada, variada, ligera y basada en los productos vegetales.

El descanso debe realizarse si es posible siempre a las mismas horas, con siete u ocho horas de sueño por la noche y un cuarto o media hora de siesta al mediodía.

Sobre estas normas generales pueden hacerse las variaciones convenientes en función de las características y los problemas de salud que afectan a cada persona.

Además es necesaria cierta aclimatación. Los adultos precisan dos o tres días para adaptarse al clima marino si proceden de otro lugar. En el caso de los niños el tiempo requerido es el doble.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, a continuación explicamos los variados tratamientos que ofrece la talasoterapia.

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BAÑO EN AGUA DE MAR

Se pueden tomar baños entre las 10 y las 18 horas, aunque la últimas horas de la mañana son las ideales. Sólo hay que tener la precaución de evitar el temido corte de digestión (este problema se produce cuando el cuerpo soporta un cambio de temperatura demasiado brusco).

Antes de introducirse en el agua conviene hacer un poco de ejercicio físico en la orilla y tomar un poco el sol. Es suficiente con trotar o andar a paso ligero durante un rato.

La entrada debe ser rápida. No beneficia en nada ir poco a poco y con miedo, o empezar por introducir los pies para adentrarse completamente al cabo de un rato. La introducción ha de ser completa: hay que zambullirse. Así se obtiene los efectos más favorables.

Como norma general, será más breve cuanto más fría y agitada se encuentre el agua. Así, en aguas frías y con vientos frescos en el exterior, el baño no debería alargarse más de tres minuto. En cambio, en aguas templadas, con sol y aire cálido, se puede permanecer en el agua hasta 15 o 20 minutos.

Siempre hay que evitar el “escalofrío secundario”. El “primario” es el que se produce inmediatamente al entrar en el agua y es debido al cambio de temperatura. Luego se produce una reacción calorífica del cuerpo y enseguida se siente uno cómodo. Pero no hay que permanecer en el agua tanto tiempo como para que se vuelva a sentir frío, es decir, para que sobrevenga el “escalofrío secundario”, que anularía parte de los efectos positivos.

No obstante, conviene estar en el agua todo el tiempo que sea posible. Por eso resulta recomendable realizar ejercicio en el agua, ya sea natación u otros movimientos vigorosos, porque provoca el estímulo de la circulación. Pero una vez más hay que ser prudentes: no se debe llegar al agotamiento físico.

Aunque en verano es común meterse frecuentemente en el mar para refrescarse, la talasoterapia considera que para obtener beneficios terapéuticos es suficiente con tomar entre uno y tres baños diarios. Sin embargo, la talasoterapia exige constancia: la cura debe alargarse entre 20 y 30 días.

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Después del baño es recomendable de nuevo la práctica de ejercicio físico, con carreras, saltos y movimientos energéticos si es posible. También son muy convenientes los ejercicios respiratorios, especialmente la práctica de la respiración profunda:

1.- Tomar asiento con la espalda recta, a fin de no oprimir la caja torácica.
2.- Exhalar todo el aire por la nariz y a continuación dejar que el aire entre también por la nariz en una inspiración profunda. La caja torácica y el estómago han de dilatarse al inhalar, nunca contraerse. Para ello, hacer voluntariamente el gesto necesario con los músculos intercostales.
3.- Bloquear la salida del aire mientras se inclina la cabeza hacia delante hasta presionar la clavícula con la barbilla. Mantener el bloque durante cinco segundos.
4.- Levantar la cabeza y soltar el aire lentamente por la nariz (ahora encoger de nuevo al máximo el estómago, para facilitar la expulsión del aire).

Esta respiración, practicada cada día durante diez minutos, después de los ejercicios físicos posteriores al baño, produce efectos sorprendentes e inmediatos, como un aumento de la energía a la vez que mayor serenidad.

Es muy importante no secarse con la toalla después del baño. Hay que hacerlo al aire libre para que se depositen sobre la piel las salen en forma de cristalitos. Esto favorece su absorción y estimula el sistema nervioso. Por la misma razón no hay que ducharse al salir.

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